Historia real y de humor
contada por el Padre Emiliano Tardiff
sobre apego a las cosas materiales

 

Y como comentario a esta promesa del Señor y a lo efímero de las riquezas, dejamos al Padre Emiliano Tardif, quien fuera gran predicador mundial de la Renovación Carismática, a que con su característica sabiduría, llena de un maravilloso humor, nos convenza de lo inconveniente que es apegarse a las cosas materiales y de cómo funciona el ciento por uno prometido por Jesucristo.

Estaba el Padre Emiliano Tardif en una gira de predicación por Africa, en la que el Señor había realizado grandes prodigios de curaciones de todo tipo.  Y solía el Padre contar en sus predicaciones esto que aparece también en su libro “Jesús está vivo”:
        
Un Prefecto africano, por cierto protestante, quiso agradecer al Padre Emiliano por las curaciones que el Señor había realizado en dos miembros de su familia.  Cuenta que este Prefecto estaba muy emocionado y le llevó un ‘regalito’ para que lo guardara como recuerdo ... se trataba de un auténtico colmillo de elefante.  

  “Quise guardarlo en mi maleta pero no cabía.  Entonces lo envolví y continué el viaje.  Sin embargo, tuve que pagar exceso de equipaje por culpa del dichoso colmillo que pesaba mucho.  Al bajar del avión, por poco olvido el colmillo en la banda de equipajes.  En una mano cargaba mi pequeña maleta y en la otra aquel envoltorio.  El ‘regalito’ comenzaba a serme estorboso y costoso”.

Sucedió que una persona le hizo saber lo valioso que era un colmillo de elefante y los riesgos que se corrían con el tráfico del marfil.  Y cuenta el P. Emiliano:  “A partir del momento que supe el precio del colmillo y los riesgos que corría con él, cambió mi vida.  Inmediatamente le compré una maleta especial que cuidaba con más esmero que la mía.  En los aeropuertos crecían los problemas:  al salir pagaba exceso de equipaje y al llegar tenía que orar así:
        
-Señor, yo soy testigo de que Tú abres los ojos a los ciegos.  Ahora ciérraselos a estos señores para que no vean el colmillo ...  Tú sabes que es un ‘regalito’.

  “Cuando me hospedaba en una casa, lo primero que guardaba y escondía era el costoso colmillo.  A veces hasta lo ponía debajo de la cama, y al regresar de predicar por la noche, lo primero que hacía era arrodillarme para buscar mi colmillo.  A veces lo sacaba y lo contemplaba por algunos segundos.  Después de acariciarlo lo volvía a guardar cuidadosamente. 

“Un día estaba en oración cuando de pronto comencé a pensar en el valioso colmillo y las preocupaciones y ansiedades que me habían venido desde que viajaba conmigo ... Entonces exclamé en voz alta:

  -Señor, qué razón tenías cuando dijiste ‘bienaventurados los pobres’, porque cuando yo no cargaba colmillo no tenía problemas como ahora.

“Me levanté de la oración y regalé el colmillo, con lo que regresó inmediatamente la paz a mi corazón.  Desaparecieron las preocupaciones, los excesos de equipaje y hasta las distracciones en la oración.

  “Con esto he aprendido que los colmillos de elefante:  llámese poder, dinero, gloria, cosas materiales, son siempre fuente de esclavitud.  Lo peor es que ante ellos nos postramos y nos distraen del verdadero Dios.  ¡Qué incómodos son estos colmillos!  ¡Cuánto exceso de equipaje pagamos por ellos!  ¡Qué pesados son, sobre todo cuando atrás del comillo cargamos al elefante completo!”

  Continúa el Padre Emiliano:

“Que no necesitamos de los bienes materiales los que confiamos en el Señor, me lo demostró hermosamente el Dueño de todas las cosas.  El boleto de Camerún y Senegal costó $1.680.  Como era demasiado dinero para esos países tan pobres les pedí que no me dieran nada por mi trabajo, sino que simplemente pagaran el costo del boleto.  Así, entre los dos países, me dieron $1.700”.

Alguien se enteró del asunto y le hizo ver que sólo le estaban dando $20.  ¡Menos de un dólar por día!  El Padre no dudó, sino que respondió, haciendo mención al Evangelio de hoy: 
         -No te preocupes, el Señor nos da el ciento por uno.

De regreso a casa después del viaje a África, el Padre comenzó a abrir la correspondencia retrasada y se tropezó con una que decía así:  “Hemos pensado enviarte un ‘regalito’ para la evangelización.  Al leer la palabra ‘regalito’, me acordé del colmillo de elefante y solté la carta asustado.  En eso cayó de la misma un cheque por $2.000.  ¡Exactamente cien veces más que los $20 que me habían dado en África.  Yo me reí y le dije a Jesús:

   -Se ve que eres un buen judío, pues has hecho perfectamente las cuentas al darme el ciento por uno ...”

 

 

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