¿Es necesario el Bautismo
para la salvación?

En principio hay que decir que el Bautismo sí es necesario para la salvación eterna, pues el mismo Jesucristo así lo afirmó: “En verdad te digo, quien no renace del agua y del Espíritu no puede tener vida eterna” (Jn.3, 5). Por eso ordenó a sus discípulos a anunciar el Evangelio a todas las naciones y a bautizarlos a todos (cf. Mt. 28, 19-20).

El Catecismo de la Iglesia Católica, basándose en las palabras de Cristo: “El que crea y se bautice se salvará. El que se resista a creer se condenará” (Mc. 16, 16), nos dice que el Bautismo es necesario para la salvación en aquellas personas a quienes les ha sido anunciado el Evangelio y han tenido la posibilidad de recibir este Sacramento. (cf. CIC #1257)

Sin embargo, también dice el Catecismo lo siguiente: “Dios ha vinculado la salvación al Sacramento del Bautismo, pero su intervención salvífica no queda reducida a los Sacramentos” (CIC #1257). ¿Qué significa esto? Que también puede haber salvación sin haber recibido el Bautismo. ¿Cómo? De muchas maneras ... algunas desconocidas para nosotros.

Una es el “Bautismo de sangre”, caso poco frecuente, pero posible, el cual consiste en que un no-bautizado muera por razón de la fe. Su martirio es su Bautismo, por su muerte con Cristo y por Cristo.

Otro caso es el “Bautismo de deseo”, por el cual una persona en forma conciente o, inclusive subconcientemente, puede desear el Bautismo.

Vemos entonces cómo, a pesar de ser el Bautismo una norma, el agua bautismal no es de necesidad absoluta, pues hay excepciones.

Otra excepción la enuncia así el Catecismo: “Toda persona que, ignorando el Evangelio de Cristo y su Iglesia, busca la verdad y busca hacer la voluntad de Dios según esa persona la conoce, puede ser salvada. Se puede suponer que semejantes personas habrían deseado explícitamente el Bautismo si hubiesen conocido su necesidad” (CIC #1260). Es así como, Cristo, que desea que todos los seres humanos nos salvemos, actúa de manera misteriosa y desconocida para nosotros, para hacer llegar la salvación a todos aquéllos que buscan a Dios con una actitud sincera.

Nótese que esta opción salvífica excepcional se refiere a personas que son ignorantes de Cristo, de su Evangelio y de su Iglesia, sin culpa alguna de parte de ellas. No significa que se salvarían aquéllos que, conociendo el mensaje de Cristo, su Evangelio y su Iglesia, decidieran no bautizarse, pues recordemos lo que nos dice Jesús: “El que se resista a creer se condenará” (Mc. 16, 16).

Para que quede esto claro, he aquí otra cita del Catecismo: “todas las personas que bajo el impulso de la gracia, sin conocer la Iglesia, buscan sinceramente a Dios y se esfuerzan por cumplir su voluntad, se salvan aunque no hayan recibido el Bautismo”(CIC #1281).

La salvación de los niños muertos sin haber recibido el Bautismo, incluyendo los muertos antes de nacer, también entra dentro de esta consideración de que Dios desea que todos los seres humanos se salven (cf. 1 Tim. 2, 4) “y la Iglesia sólo puede confiarlos a la misericordia divina, como hace en el rito de las exequias por ellos” (CIC #1261). Pero, de ninguna manera esto significa que debe descuidarse o retrasarse innecesaria o indefinidamente el Bautismo de los niños, pues al hacerlo se le priva de gracias inmensas y necesarísimas para su salvación. (cf. CIC #1261) .

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